Crónica de un paciente

Verdad llora, ríe, habla, de verdad es feliz, aunque también a veces puede estar triste.

“Y no creo, dice Julio César, que son solamente los niños los que se enternecen con los muñecos. En cierta oportunidad un señor de edad más que madura llegó aquí a la clínica y nos recomendó de manera muy especial el arreglo de un muñeco que había comprado en Milán. Fueron tantas las recomendaciones que nos hizo que hicimos el trabajo con más esmero que cualquiera otro. Cuando le entregamos el muñeco completamente reparado, vi que los ojos del señor se llenaron de lágrimas. Después me dijo que ese muñeco era un regalo de bodas y que fue el que más quiso su esposa fallecida hacía poco tiempo”.

Otro de los muñecos especiales reparados, cuenta Julio César, fue un Chaplin de dos metros de altura que estaba completamente destrozado.

La muñeca ya está lista. Ahora falta peinarlo para que salga de la clínica.

Antes de dar “la orden de hospitalización” hay que examinar a la “paciente”.