2/Séptimo día

DOMINGO 24 DE AGOSTO 2003 HOY

“No digo que no hay espacio para mejorar, pero si los que más me critican son parte del mal...” TEGO CALDERÓN, RAPERO PUERTORRIQUEÑO

 

UN DIA EN LA VIDA DE HOSPITAL DE MUÑECAS. 

LIZA ROSA BUSTOS
New York

Preocupada se veía Karen Weiss cuando entró con Dorothy al segundo piso del 787 Lexington Avenue. Con mucho cuidado sacó a su amiga y la puso sobre la camilla para que la viera el “doctor”. Tras examinarla, Luis Carlos la examinó y dio su diagnóstico. “El procedimiento no es nada de fácil, advirtió. Pero la salvaremos. Afortunadamente, para Karen, Dorothy está en buenas manos, en el centro de traumatológico de muñecas de Nueva York.

Resucitan osos de peluche, muñecas barbie y hasta las más raras muñecas de colección. Todos se salvan en el New York Doll Hospital, localizado en el 787 Lexington Avenue, en pleno centro de Nueva York.

La clínica, fundada en 1946, es atendida por Irving Chais y Luis Casas de Colombia, quien hace 17 años se unió a su dueño original, Chais, para atender las emergencias de lo muñecos enfermos de la localidad. “Quería ser médico, pero mis padres no me pudieron pagar”, relata Casas, quien posee una clínica en Colombia, atendida por sus hermanas y cuyo personal lleva estetoscopio y mascarilla. Con su esposa Inés, el colombiano mantiene una unidad traumatológica en su hogar, donde los preciados juguetes pasan de cuidados intensivos y recobran su “salud”. Se rellenan dedos y quebraduras y se vuelven a armar dependiendo del estado en que se encuentren “los pacientes”. Su pelo está hecho de oveja europea, podemos lavarlo a mano y reacomodarlo”, dice Casas ofreciendo a Weiss un servicio de peluquería y hasta de Spa. Pero Karen se conforma con que la pobre Dorothy, hecha de loza, sea reparada y recobre su forma original.

“Había oído historias de ella”, añade Karen, quien encontró a Dorothy en el sótano de su madre, descuartizada, convertida en toda una pieza de antigüedad. “Mi nieta me convenció de que la trajera”, añade Karen. “Me preguntaba, abuela, ¿cuándo vas a llevar a Dorothy al hospital?”.

“Hay muñecas de piedra, de cemento, de mármol, celuloide, porcelana, acetato”, relata Casas. “Las muñecas antiguas son las más delicadas porque estaban hechas de loza, pero en realidad la gente ha utilizado todo tipo de material que ni siquiera puedas imaginar”. Todos los muñecos del mundo y muñecas de peluche hallan esperanza en la clínica de Casas, ya que el establecimiento cuenta con una pila de donantes a los que recurre cuando el trauma es demasiado severo y el paciente necesita un “trasplante”.

Según el “doctor” los juguetes han variado mucho en los últimos años. Sin embargo la semejanza humana permanece, con diferentes características que varían, claro, según el momento histórico en el que fueron fabricados, la religión, la raza y la moda. Un juguete muy querido que se ha agregado a la lista de amigos de juegos, sobre todo a partir de los 50, ha sido el clásico teddy bear, llamado así por Franklin Delano Roosevelt, relata Casas quien se especializa en ositos y en todo tipo de peluche. El costo de la “operación” del que llega a la clínica de Casas varía dependiendo del juguete.

El costo puede ser de 30 dólares, por la reparación de un dedo o cambio o reparación “ocular”, a 8 o 10 mil dólares por una pieza del siglo pasado. “No miramos tanto el valor de la muñeca rota como el trabajo que tenemos que hacer para dejarla como nueva”. Los clientes de la clínica son de todas las nacionalidades y rincones del país entre quienes se encuentra hasta Sir Lawrence Olivier. Cuando no están en Nueva York la “clínica” recibe a sus pacientes “por correo”, los examina y entrega un diagnóstico por teléfono. “Aceptamos muñecos mecánicos, eléctricos, cualquier tipo de material”, señala Casas. “Ningún muñeco se nos ha muerto en este hospital”.