Diciembre en una clínica de muñecas

¡Silencio! Ordena un letrero en plena vía, mientras tanto dentro del edificio, unas manos sabían restaurar las partes afectadas de los “enfermos”.

Un “medico” hace un transplante de una pierna. Un “oftalmólogo” le da movimiento a unos ojos azules. Un “cirujano” arregla la quijada en la cara fresca y bella de Tatiana, que nació en París.

Es época de prenavidad y hay mas trabajo que nunca. La antesala de urgencias esta llena. Cada mamá y a veces las abuelitas llevan a los enfermos en sus brazos.

El cuadro es bello. Las niñas con sus muñecas rotas tienen. Los ojos enrojecidos de tanto llorar. Natalia trata de poner en pie a “Diana”, pero es inútil por que tiene las piernas destrozadas y de la rodilla salen pedazos de lana, que si fuera un cuerpo humano serian venas y articulaciones, su hermanita Angélica esta desconsolada por que la “glotona” no tiene la cabeza unida al cuerpo y el cabello es solo una madejada de en-

Niñas sobre protegidas y padres complacientes tienen en Bogotá al servicio de la llamada “Clínica de Muñecos”, un lugar donde hacen el milagro de cambiar hasta la cabeza al paciente, para que este continúe siendo motivo de dicha para su “dueña”, aquí. Algunos aspectos de ese sitio.

La pequeña pero dura mano, de tanto amarlos, acabo con su salud. Pero para esto esta la clínica de muñecos, donde payasitos, las bellas ojiazules, los osos y burros de felpa pasan por cuidados intensivos, la sala de cirugía, el post operatorio, para regresar a la vida con mas animo. Vendrán muchos años, de pronto muchas manos y generaciones y esos muñecos seguirán viviendo en el corazón de los que ya envejecieron.